Pia Capdevila, diseñadora de interiores: “El césped artificial puede alcanzar temperaturas muy elevadas al sol y no siempre es la mejor opción para una terraza calurosa”


“El principal error es confiar únicamente en la decoración y pensar que, con algunos textiles o plantas, conseguiremos reducir la temperatura de la terraza”, explica la interiorista Pia Capdevila a La Vanguardia. Porque, por muy bonito y cuidado que esté un espacio exterior, de poco servirá si el sol incide directamente durante horas.
Por eso, antes de pensar en plantas o cojines, conviene actuar sobre los elementos que realmente condicionan la temperatura. La clave, según la experta, consiste en afrontar la transformación de la terraza por orden: primero, controlar la incidencia solar con un sistema de sombra adecuado; después, seleccionar pavimentos y muebles que no acumulen demasiado calor; y, finalmente, utilizar la vegetación y los textiles para reforzar el confort y crear un ambiente más fresco.
Toldos, pérgolas y velas tensadas son algunas de las soluciones más habituales para crear sombra. Sin embargo, la interiorista señala que no existe un sistema universal que funcione igual de bien en todos los balcones y terrazas. La elección debe responder a las características concretas de cada espacio. Antes de decidir, recomienda tener en cuenta “la orientación de la terraza o el balcón, sus dimensiones, la exposición al viento y si necesitamos una estructura fija o un sistema regulable que podamos adaptar a cada momento del día”.
En un balcón pequeño puede resultar más práctico instalar un toldo retráctil que permita recogerlo cuando no sea necesario. Una terraza amplia, en cambio, puede admitir una pérgola con la que delimitar una zona de comedor o descanso. Las velas tensadas también permiten cubrir puntos concretos sin ocupar demasiado espacio, aunque deben instalarse considerando su exposición al viento y los puntos de sujeción disponibles.
La posibilidad de regular la sombra resulta especialmente útil cuando la trayectoria del sol cambia a lo largo del día. No se trata necesariamente de cubrir toda la terraza, sino de identificar las zonas más expuestas y proteger aquellas que se utilizan con mayor frecuencia. Una intervención bien planteada permite conservar la luminosidad cuando interesa y ganar protección cuando el calor se vuelve más intenso.
Los colores también influyen en el comportamiento y la percepción del espacio. “Los claros absorben menos calor y ayudan a crear una sensación visual más fresca”, sostiene la interiorista. Por este motivo, pueden ser una buena elección para toldos, cojines, alfombras y mobiliario situado en zonas con muchas horas de sol.
En cuanto a los materiales, Capdevila recomienda “la madera tratada, la cerámica, las fibras naturales y los textiles específicamente diseñados para exterior”. Además de soportar mejor la intemperie, permiten crear ambientes cálidos sin recurrir a superficies que acumulen una temperatura excesiva.
Por el contrario, conviene tener cuidado con ciertos acabados muy oscuros. “Evitaría los metales, las piedras oscuras y los muebles negros en zonas muy expuestas al sol, porque acumulan mucha temperatura y pueden llegar a resultar incómodos”, explica. Una silla metálica o una mesa negra pueden encajar con la estética del proyecto, pero resultar poco prácticas si reciben sol directo durante buena parte del día.
La imagen de un césped artificial no debe confundirse con el comportamiento térmico de la vegetación natural. “Puede alcanzar temperaturas muy elevadas cuando recibe sol directo, por lo que no siempre es la opción más adecuada para una terraza calurosa”, advierte Capdevila. Por tanto, antes de instalarlo, conviene valorar la orientación del espacio y las horas de exposición solar, especialmente si se quiere caminar descalzo o si la terraza será utilizada por niños y animales.
Existen alternativas que permiten renovar el suelo sin recurrir a este material. La interiorista propone “tarimas técnicas, losetas de madera, pavimentos cerámicos colocados en seco o alfombras de exterior transpirables, que aportan calidez sin concentrar tanto calor”. Estas soluciones también permiten transformar visualmente una terraza sin necesidad de ejecutar una reforma integral ni levantar necesariamente el pavimento existente.
La vegetación, por su parte, puede contribuir al confort si se distribuye con una intención concreta. En lugar de colocar algunas macetas de manera aislada, Capdevila aconseja utilizarlas para proteger las zonas más expuestas y generar diferentes capas de vegetación. “Lo ideal es colocar plantas frondosas y especies trepadoras en las zonas que reciben más sol para que actúen como una protección natural”, señala. Una trepadora sobre una celosía o una agrupación de plantas de cierto volumen puede tamizar la radiación, aumentar la privacidad y hacer más acogedor el espacio.
También recomienda “agrupar maceteros de diferentes tamaños y alturas”. Esta composición, además de evitar una distribución demasiado plana, ayuda a crear pequeñas áreas de sombra y una sensación de mayor frescor. “Hacen que el espacio resulte mucho más agradable y envolvente”, concluye la interiorista.
Fuente: www.clarin.com



